jueves, 2 de agosto de 2012

Doctrina y Culpa


Doctrina y culpa.

            ¿Se puede decir mucho sin decir nada? Sí, definitivamente sí. Para muestra  este ejercicio de traducir a palabras una escena muda. Los actores no gesticulan palabra alguna, solo realizan movimientos corporales. A primera vista pude captar un mensaje muy sencillo. La complejidad vino al tratar de descifrar el posible significado de esa coreografía de cinco minutos, completamente descontextualizada del resto de una obra de mayor duración.  Aunque no logré descifrar su significado,  puedo decir que pude conversar con ella.
            Una de las charlas que tuve con la obra fue acerca de la igualdad de sexos. El papel de la mujer en la sociedad. Las ganas y el deseo de las féminas de abrazar a su hombre de frente, de iguales. Un derecho que quizás alguna vez tuvieron y fue arrebatado por un  poder externo con pretensiones de superioridad (Está vestido de traje, sí, pero también está descalzo). Ese poder externo obliga a la mujer a creerse débil y que debe estar subyugada al hombre. La Mujer debe sujetarse del cuello del hombre y dejarse cargar por aquél que ahora se cree más fuerte.
            En un principio resulta hermosa y hasta romántica esta pose, pero es solo un engaño del que son víctimas los protagonistas. Ellos en la práctica descubren la trampa en que cayeron; La mujer no quiere ni debe ser carga de un hombre que no tiene – aunque cree tenerlas - fuerzas suficientes para llevarla a cuestas. Ella cae al suelo, sin embargo se levanta muy rápido y abraza a su pareja. Juntos, ambos de pie, frente a frente, se dan cuenta que son más fuertes, pero al poco tiempo llega el pretencioso adoctrinador y caen de nuevo en la trampa. Lo más curioso de esto, es que el pretencioso no estará actuando siempre de manera física. Él se hará presente solo unas pocas veces, hasta dejar sembrada en la pareja aquella duda. Una duda que continuara haciendo el papel de aquél que descalzo y vestido de traje, obliga a la mujer a subyugarse, a dejarse cargar por un hombre débil, a caer, a levantarse a igualarse y a culpabilizarse por ese sentimiento de igualdad. La mujer volverá a subyugarse, dejarse cargar y repetir el ciclo hasta que la duda desaparezca, que la pareja abra los ojos y se dé cuenta que el pretencioso vestido de traje, también está descalzo.
            Continué conversando con aquella escena. Ella me dijo que algunos somos como aquella mujer. Estar de pie y abrazados ante aquel hombre  puede representar nuestros deseos, sueños, instintos o pasiones que no necesariamente son malas, pero que pueden ir en contra de aquel adoctrinamiento impuesto por aquel hombre descalzo y de traje llamado sociedad. Estamos atados a vivir bajo ciertos cánones de conducta, debemos vestirnos de cierto modo, tener una pareja del sexo opuesto, casarnos, tener hijos, ganar mucho dinero, ser exitosos. Esos  cánones no siempre van de la mano con nuestros deseos y sueños, por ello caemos, nos levantamos, nos ponemos de pie y abrazamos lo que queremos, pero siempre queda el remordimiento  de sentir que no estamos haciendo lo correcto, un remordimiento que duele y nos pone a luchar entre aquello que nos enseñaron como correcto pero  contrario a lo que anhelamos. Perseguir nuestros anhelos nos hace sentir culpables, pero debemos luchar contra ese sentimiento de culpa hasta lograr abrazar de pie y de frente a aquel hombre sin tener la necesidad de colgarnos de su cuello para que nos cargue y luego caer por el peso de la frustración al no seguir nuestros instintos.
            En esa conversación, la escena me habló de personas que son como aquel hombre que está de pie (aunque ahora me identifico con aquella mujer, debo aceptar que alguna vez fui como él). El hombre de la pareja representa aquellos que están siempre de pie, pero que no saben siquiera lo que desean. Personas que están en el mundo recibiendo estímulos y que solo reaccionan cuando la carga es muy pesada. Su reacción es dejar caer la carga, recuperar fuerzas y volver a cargar. Aquel abrazo de felicidad lo obtiene porque es ella quien lucha por ese abrazo -Aunque él también lo desea.
            Por último, escuché que el peor de los personajes es el del pretencioso adoctrinador. Él no ama, no tiene deseos, no tiene a quién abrazar. Solo se dedica a imponer una tradición, una regla, un paradigma. Siembra la duda y huye al darse cuenta que está perdiendo la batalla, espero no tener que identificarme nunca con este personaje.
            Esto fue un ejercicio realizado en el taller de técnicas de investigación del primer semestre de artes de la Universidad Central de Venezuela. Una reflexión sobre lo que nos puede decir el silencio en la escena que comienza en el minuto 10:35 y finaliza en el 15:50 del siguiente video https://www.youtube.com/watch?v=pEQGYs3d5Ys&feature=player_embedded